Imagina que un día te despiertas y descubres que tu país lleva meses siendo atacado, pero nadie ha disparado un solo tiro. Las instituciones parecen más frágiles que hace un año. La desconfianza entre ciudadanos se ha disparado. Los medios ofrecen versiones contradictorias de cada evento relevante. Y los partidos políticos —todos— parecen hablar un lenguaje diseñado para dividir, no para gobernar. ¿Es esto caos orgánico? ¿O es el resultado de una estrategia deliberada, ejecutada desde el exterior con precisión quirúrgica?
Esta pregunta no es hipotética. Es, precisamente, el tipo de escenario que la doctrina Gerasimov describe, anticipa y, según muchos analistas, prescribe. Desde que el general Valeri Gerasimov publicó su influyente artículo en 2013, el debate sobre la naturaleza de la guerra moderna no ha vuelto a ser el mismo.
1. Contexto doctrinal: el artículo que cambió el debate
El 26 de febrero de 2013, el diario ruso Voyenno-Promyshlennyy Kuryer (El Correo Militar-Industrial) publicó un texto firmado por el general Valeri Gerasimov, entonces recién nombrado jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. El artículo se titulaba «El valor de la ciencia está en la previsión: nuevos retos exigen repensar las formas y los métodos de hacer la guerra».
El texto no era un manual de operaciones. Era, más bien, una reflexión estratégica sobre cómo los conflictos armados del siglo XXI habían dejado de seguir las reglas clásicas de Clausewitz. Gerasimov observaba, con evidente interés, las Primaveras Árabes y la capacidad de agentes externos para desestabilizar estados mediante herramientas no militares. La frontera entre guerra y paz, argumentaba, se había vuelto deliberadamente difusa.
Lo que Gerasimov describía no era tanto una doctrina original como un diagnóstico del entorno estratégico contemporáneo. Sin embargo, la recepción occidental del texto —especialmente tras la anexión de Crimea en 2014— lo convirtió en algo más grande: el supuesto manual de la «guerra híbrida» rusa. El politólogo y analista Mark Galeotti, que popularizó la expresión «doctrina Gerasimov» en 2014, reconoció años después, en un célebre artículo de Foreign Policy de 2018 titulado «I’m Sorry for Creating the ‹Gerasimov Doctrine›», que quizás había contribuido a construir un mito más que a describir una realidad.
Aun así, el debate generado es perfectamente legítimo. Independientemente de si existe una «doctrina» formal o no, las capacidades y prácticas que describe son reales, documentadas y operativamente relevantes.
2. Marco conceptual: los pilares de la guerra de nueva generación
Para entender la doctrina Gerasimov en su sentido amplio, es necesario situarla dentro de la tradición estratégica rusa. No surge de la nada: bebe de conceptos bien asentados en la cultura militar soviética y post-soviética.
Reflexive control: moldear las decisiones del adversario
El concepto de reflexive control (control reflexivo) tiene sus raíces en la teoría soviética de los años sesenta. Su lógica es sencilla pero poderosa: en lugar de destruir las capacidades del enemigo, se le proporciona información diseñada para que tome las decisiones que tú quieres que tome. Es manipulación estratégica a escala sistémica. El adversario actúa, pero lo hace siguiendo un guión que no ha escrito él.
Dezinformatsiya y maskirovka
La dezinformatsiya —desinformación— y la maskirovka —engaño, camuflaje— son herramientas clásicas de la inteligencia soviética que la doctrina contemporánea ha integrado y amplificado mediante tecnología digital. La desinformación no busca necesariamente que creas algo falso: busca que dudes de todo lo verdadero. La maskirovka, por su parte, implica ocultar intenciones y capacidades reales mientras se proyectan otras ficticias.
La proporción 4:1
Uno de los elementos más citados del artículo de Gerasimov es la proporción entre medios no militares y militares: según su análisis, en los conflictos modernos el peso de las herramientas no militares supera al de las militares en una relación de aproximadamente cuatro a uno. Información, presión económica, diplomacia coercitiva, operaciones encubiertas y movilización de actores locales adquieren un protagonismo que antes se reservaba a tanques y artillería.
Conexión con el marco OTAN
La OTAN ha respondido a este entorno conceptual desarrollando su propio marco. El informe de John du Cluzel para el NATO Innovation Hub en 2020, «Cognitive Warfare», estableció la guerra cognitiva como el sexto dominio de conflicto —junto a tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio—. La Alianza reconoce explícitamente que el objetivo de estas operaciones no es destruir infraestructuras, sino alterar la capacidad de decisión de individuos, instituciones y sociedades enteras.
3. Estructura organizacional: quién ejecuta la doctrina
Identificar con precisión las instituciones rusas responsables de las operaciones de influencia es complejo, pero no imposible. Varios organismos han sido documentados con distintos niveles de certeza:
- GRU (Dirección de Inteligencia del Estado Mayor): responsable de operaciones de influencia clandestinas y ciberoperaciones militares. La Unidad 26165 (Fancy Bear/APT28) ha sido atribuida al GRU por múltiples gobiernos occidentales e investigadores del sector privado.
- SVR (Servicio de Inteligencia Exterior): equivalente al MI6 o la CIA, con capacidades de influencia en el ámbito político y mediático internacional.
- FSB (Servicio Federal de Seguridad): focalizado en operaciones internas y en el espacio post-soviético, con capacidades de contra-inteligencia y subversión.
- Agencia de Investigación de Internet (IRA), San Petersburgo: conocida coloquialmente como la «fábrica de trolls», fue documentada en el informe Mueller (2019) y en investigaciones del Senado estadounidense. Operaba redes de cuentas falsas en redes sociales para amplificar divisiones sociales en EE.UU. y Europa.
- RT y Sputnik: plataformas mediáticas que actúan como instrumentos de proyección narrativa a escala global, con financiación estatal rusa.
4. Capacidades operativas: qué puede hacer y qué se especula que puede hacer
Es importante distinguir con rigor entre lo confirmado, lo probable y lo especulativo. Mezclar estas categorías distorsiona el análisis y puede llevar tanto a subestimar como a sobreestimar la amenaza.
Capacidades confirmadas
- Operaciones de desinformación mediante cuentas automatizadas y redes coordinadas de amplificación (documentado por el Comité de Inteligencia del Senado estadounidense, 2019).
- Ciberataques a infraestructura crítica: los cortes eléctricos en Ucrania de 2015 y 2016 han sido atribuidos al GRU con alto grado de certeza por ESET y Mandiant.
- Interferencia en procesos electorales mediante robo y filtración de datos (caso DNC, 2016; caso Emmanuel Macron, 2017).
- Uso de medios de comunicación estatales para proyectar narrativas alternativas en conflictos activos.
Capacidades probables
- Financiación encubierta de partidos políticos en Europa occidental para ampliar la influencia en debates internos.
- Operaciones de influencia dirigidas a comunidades diaspóricas rusófonas en países bálticos y Europa central.
- Coordinación entre operadores estatales y actores no estatales (canales de Telegram, influencers, medios alternativos) para amplificar narrativas.
Capacidades especulativas
- Uso de inteligencia artificial para generar contenido sintético a escala industrial (deepfakes, textos automatizados) en campañas de influencia masiva.
- Infiltración de estructuras académicas y ONGs occidentales para influir en el debate de política exterior a largo plazo.
5. Análisis comparativo: la doctrina Gerasimov frente a otros modelos
La guerra cognitiva no es un monopolio ruso. Otros estados han desarrollado marcos doctrinales propios, con objetivos y métodos parcialmente distintos. La siguiente tabla permite una comparación estructurada:
| Dimensión | Rusia (Gerasimov) | China (Tres Guerras) | EE.UU. (IO / PSYOP) | OTAN (Cognitive Warfare) |
|---|---|---|---|---|
| Marco doctrinal | Artículo Gerasimov (2013); reflexive control | Libro Blanco 2003; doctrina Frente Unido | FM 3-53; JP 3-13 | du Cluzel (2020); NIAS |
| Objetivo principal | Desestabilizar cohesión interna del adversario | Moldear opinión internacional y legitimidad | Apoyo a operaciones militares convencionales | Resiliencia y defensa cognitiva |
| Herramientas clave | Desinformación, ciberataques, proxy groups | Medios, legal warfare, diplomacia pública | PSYOP, IO, MISO | Strategic communications, StratCom |
| Horizonte temporal | Corto-medio plazo; crisis específicas | Largo plazo; acumulación de influencia | Asociado a conflictos activos | Prevención y disuasión continua |
| Ámbito geográfico prioritario | Europa, espacio post-soviético | Indo-Pacífico, África, Latinoamérica | Global | Espacio euroatlántico |
Una diferencia clave: mientras la aproximación rusa busca efectos disruptivos inmediatos —fracturar la confianza pública, paralizar la toma de decisiones—, la estrategia china tiende a operar en horizontes más largos, construyendo dependencias estructurales y legitimidad narrativa de forma gradual. Son dos estilos de guerra cognitiva que, aunque comparten herramientas, tienen lógicas estratégicas diferentes.
6. Implicaciones para España y Europa
España no es un objetivo periférico en este mapa. Su posición en el flanco sur de la OTAN, su influencia en Latinoamérica, su papel en las misiones de la Unión Europea y su vulnerabilidad a narrativas de desintegración territorial —el caso catalán es el ejemplo más evidente— la convierten en un objetivo de alto valor para operaciones de influencia.
El IEEE (Instituto Español de Estudios Estratégicos) y el CESEDEN han documentado el incremento de actividad informativa hostil dirigida al espacio público español, especialmente en períodos de alta tensión política interna. La Estrategia de Seguridad Nacional española de 2021 reconoce explícitamente las amenazas híbridas y la desinformación como vectores de riesgo para la seguridad del Estado.
A nivel europeo, la respuesta institucional ha ido ganando músculo. El East StratCom Task Force del SERVICIO EUROPEO DE ACCIÓN EXTERIOR (SEAE), creado en 2015, monitoriza y responde a campañas de desinformación documentadas, especialmente las procedentes de actores estatales rusos. Su base de datos pública, EUvsDisinfo, ha catalogado más de 16.000 casos desde su creación.
Sin embargo, la respuesta sigue siendo asimétrica. Las democracias occidentales operan bajo restricciones legales y éticas que los actores autoritarios no comparten. La libertad de prensa, la pluralidad de medios y la privacidad de datos —pilares del Estado de Derecho— son simultáneamente vulnerabilidades que los operadores de influencia explotan con destreza.
7. Conclusiones clave
- La doctrina Gerasimov no es un manual, es un síntoma. Describe un entorno estratégico en el que la distinción entre guerra y paz ha perdido nitidez. Tratarla como un texto fundacional de la estrategia rusa moderna sobreestima su papel formal y subestima la profundidad histórica de la tradición de operaciones de influencia soviética.
- Las capacidades son reales aunque la doctrina sea debatida. Con independencia de cómo se llame o si existe formalmente, las operaciones de desinformación, ciberataques e interferencia electoral atribuidas a actores rusos están documentadas con suficiente solidez como para considerarlas política de Estado.
- El objetivo no es convencer, sino confundir. La guerra cognitiva rusa no busca que los ciudadanos occidentales abracen la visión del Kremlin: busca que desconfíen de sus propias instituciones, medios y líderes. La erosión de la confianza es el producto final.
- España y Europa necesitan respuestas estructurales, no solo reactivas. La alfabetización mediática, la transparencia sobre financiación política extranjera y la inversión en medios públicos de calidad son herramientas de defensa cognitiva tan importantes como los cortafuegos digitales.
- La evolución proyectada apunta hacia mayor automatización. La integración de inteligencia artificial generativa en las operaciones de influencia representa el siguiente salto cualitativo. La capacidad de producir contenido sintético convincente a escala masiva y a bajo coste cambiará radicalmente el ecosistema informativo en los próximos cinco años.
La pregunta que queda abierta —y que merece tu reflexión— es si las democracias occidentales son capaces de adaptarse sin sacrificar los valores que las distinguen de los regímenes que buscan desestabilizarlas. ¿Puede una sociedad libre defenderse de la guerra cognitiva sin convertirse, en el proceso, en una sociedad vigilada? ¿Dónde está la línea entre resiliencia informativa y censura estatal? ¿Y quién la traza?
Son preguntas incómodas. Pero son exactamente las que la doctrina Gerasimov —real, mítica o en algún punto entre ambas— nos obliga a hacernos.
Fuentes
- Galeotti, M. (2018). I’m Sorry for Creating the ‘Gerasimov Doctrine’. Foreign Policy. https://foreignpolicy.com/2018/03/05/im-sorry-for-creating-the-gerasimov-doctrine/
- Gerasimov, V. (2013). Tsennost nauki v predvidenii [El valor de la ciencia está en la previsión]. Voyenno-Promyshlennyy Kuryer, 8(476).
- du Cluzel, F. (2020). Cognitive Warfare. NATO Innovation Hub / ACT. https://www.innovationhub-act.org/content/cognitive-warfare
- Rid, T. (2020). Active Measures: The Secret History of Disinformation and Political Warfare. Farrar, Straus and Giroux.
- Thomas, T. (2004). Russia’s Reflexive Control Theory and the Military. Journal of Slavic Military Studies, 17(2), 237-256.
- Departamento de Seguridad Nacional de España (2021). Estrategia de Seguridad Nacional 2021. Presidencia del Gobierno. https://www.dsn.gob.es/es/estrategias-publicaciones/estrategias/estrategia-seguridad-nacional-2021
- Senate Intelligence Committee (2019). Report on Russian Active Measures Campaigns and Interference in the 2016 U.S. Election. U.S. Senate. https://www.intelligence.senate.gov/publications/report-select-committee-intelligence-united-states-senate-russian-active-measures
- IEEE / CESEDEN (2020). Las amenazas híbridas: nueva herramienta para viejos objetivos. Documento de Análisis del Instituto Español de Estudios Estratégicos. https://www.ieee.es
